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¿Desde donde?.
ELAR VILLAGARCIA NUÑEZ, DESCANSA EN PAZ
Un corto homenaje
Por Ricardo Aspilcueta
Sin duda, en la recordada huelga orbegocina de 1960, fue el caudillo estudiantil que organizó en reserva y perfil bajo la asonada que mantuvo en vilo algunos días a todo el colegio y al poder político (Subprefecto, policias), así como
a la eventual Asociación de padres de familia cotahuasinos.
La última vez que hablamos y bebimos un vino fue cuando en Arequipa presenté hace 10 años el librito "Historia y Relatos Cotahuasinos" donde me confirmó la veracidad del relato episódico de la huelga no exitosa en cuanto a resultados.
Elar era de la generación del "Negro" Becerra, no de mi época, pues yo hacía el quinto de primaria en la Escuela 927, teniendo como eficientes profesores a los señores Moisés Bellido Rosas y Juan Luís Zanabria Aspilcueta y, junto a los alumnos varones del Orbegozo salíamos todos de 10 a 10.30 a.m. a gozar del esperado corto recreo en el patio de "Molinopampa" hasta que el silbato agudo emitido por el temible regente suene e interrumpa esta algarabía y griterío juvenil.
En realidad a pesar de su rudimentaria estructura el patio era una cancha deportiva de futbitol, de básquet, de atletismo con dos barras, una casona vieja al fondo al borde del río hablador, donde quedaba o seguramente sigue quedando la toma de agua de la sequia que lleva el líquido elemento a la mayoría de huertas cotahuasinas, lugar este, donde a veces, expectábamos pleitos fuertes specialmente los días martes por la división del agua en dirección a Piro por un lado y por otro a las huertas y campiñas ubicadas debajo de "Tinquirumi", incluyendo Santa na, Champahuasi, Salcán Chico y Grande.
Jugaban futbitol los mayores donde destacan los goles de Alfredo Becerra, los pases magistrales de Roque Arguelles, las patadas fortísmas de Zuiberto Zúñiga el "Capato" que hacía temblar la pared de adobe colidante con el camino, las espectaculares tapadas de mi primo Fernando Ramos, suertudo él porque se vestía con el mismo tipo de chompa profesional de arquero de franjas blancas y verdes y rodilleras blancas que en Lima usaba el legendario Rafael Asca, a quién sólo conocíamos por las trasmiciones radiales cuando jugaba la selección nacional de fútbol de Toto terry, Miguelito Loayza, Seminario, Mosqueira, Grimaldo, Fleming, José Fernadez, etc.
Al costado de la canchita habían dos barras, donde se congregaban otro grupo de recreantes que hacíamos malabares, pero el más ágil y maestro era Elar, todo su ágil cuerpo daba vueltas como una élice, se colgaba de los talones y otras veces del empeine, hacía saltos largos hacia adelante y hacia atrás que us hinchas marcábamos emocionados cada vez que rompía un record, el "Pato" Zevallos que radica en EE.UU, Pepe Marroquín en la Argentina, este humilde pechito y los hermanitos Martínez (Hermanos de Raúl Martínez "Huaychao") fuimos sus alumnos muy aprovechados en las barras deportivas y en natación, que, modestia aparte, nadie me ganó ni en el río grande ni en la piscina.
Otro segmento de alumnos maduros, serenateros, bohemios y románticos, cuidándose de la vigilia del señor Regente Don Luís Urquizo se iban silenciosamente a la vieja Casona del fondo (Luego ocupada por el viejo grupo electrónico y donde el médico Casalino años atrás revisó los penes de los alumnos por una epidemia venerea que azotó Cotahuasi) a fumar un par de cigarrillos marca "Nacional" que eran más aromáticos que la basura de tabaco que ahora se venden a doquier, los infaltables de este grupo un poco "Maleado" eran Cesáreao Martínez el "Chacho", David Motta "Corota", Gilberto Vera "Jarano", Pelayo Vera "Negro", Gustavo Loayza "Navajo", cuando no, estratégicamente en huecos solapas estos muchachos, sanos huaraperos, guardaban su cuartito de cañazo para libar entre clase y clase.
Anoche, recordábamos todo esto con Henry Concha Fuentes, quién radica en Arequipa y está de paso en Lima y, entre otras cosas me contó pasajes interesantes de su larga vida, como por ejemplo, el pasaje aleccionador e ingrato que me impresionó en la que muy jovencito hizo labores de leñador en su Collota querido, pero su pesada mercancía que traía en dos burros con mucho sacrificio y bajo un ardiente sol le fue sorpresiva e injustamente requisida por una cercana pariente en el tunel de Chacaylla a pocas cuadras de llegar al punto final de venta que solventaría sus programas de timba, serenatas y noches románticas que Henry sin duda gozó en el mágico Cotahuasi de antaño.